El Suicidio en la Navidad. ¿Tan común como pensamos?
- Juan Pablo Obregón
- 26 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Cada año, conforme se acercan las fiestas decembrinas, reaparece una idea muy extendida: que la Navidad es uno de los momentos más críticos en términos de suicidio. La intuición parece lógica. Es una época cargada de expectativas sociales, contrastes emocionales y, para algunas personas, soledad. Pero más allá de la percepción colectiva, surge una pregunta legítima: ¿la Navidad se comporta realmente como un periodo excepcional cuando observamos los datos a escala poblacional?
Con esa pregunta realicé un ejercicio de análisis usando información oficial de México. El objetivo no fue construir una narrativa alarmista, sino evaluar con cuidado si el periodo navideño destaca —hacia arriba o hacia abajo— dentro del patrón anual de suicidios.
Datos y enfoque general
El análisis se basa en los microdatos de las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) del INEGI, que permiten observar cada defunción con detalle temporal, geográfico y sociodemográfico. A partir de estos datos se construyó un pipeline que permitió trabajar a escala nacional y por zona metropolitana, distinguiendo entre lugar de residencia y de ocurrencia, y considerando variables como sexo, edad, escolaridad y condición indígena.
Antes de cualquier comparación, los datos fueron limpiados y estandarizados: se corrigieron fechas, se homologaron claves geográficas y se tradujeron códigos administrativos a descripciones comprensibles. Este paso es clave, porque pequeños errores en estas etapas suelen amplificar sesgos en los resultados finales.
Metodología: cómo se comparó la Navidad con el resto del año
En lugar de comparar la Navidad contra un “promedio anual” —una referencia poco informativa en procesos estacionales— se optó por un enfoque distinto. A lo largo de todo el año se construyeron ventanas móviles de ocho días, calculando para cada una el número de suicidios registrados. De esta forma, el periodo del 24 al 31 de diciembre se comparó contra todas las demás ventanas equivalentes del año.
Este enfoque permite observar la distribución completa de los eventos, identificar picos reales y evaluar si un periodo específico se comporta como un outlier. Para ello se usaron medidas no paramétricas como percentiles y métricas robustas de variabilidad, diseñadas para no verse dominadas por valores extremos aislados.
El mismo ejercicio se repitió a distintos niveles: a escala nacional, por grupos poblacionales y por zonas metropolitanas, lo que permitió evaluar no solo si existe un efecto general, sino también si hay patrones diferenciados en ciertos contextos o poblaciones.
Qué muestran los datos
El resultado principal es claro: a nivel nacional, la Navidad no se comporta como un periodo pico de suicidios. Dentro de la distribución anual de ventanas de ocho días, el periodo del 24 al 31 de diciembre se ubica en una posición intermedia, ligeramente por debajo del centro de la distribución.

Este gráfico muestra cómo se compara la ventana de 8 días de navidad con el resto de ventanas. Cada barra representa cuántas veces, a lo largo del año, una ventana de 8 días registró cierto número de suicidios a nivel nacional. En otras palabras, muestra la distribución anual de “semanas” comparables entre sí.
La línea verde indica el total de suicidios registrados del 24 al 31 de diciembre. Como puede verse, este valor cae dentro del rango más común del año, lejos de los extremos. La línea roja señala la ventana de 8 días con el mayor número de casos, que ocurrió en abril.
Esto sugiere que, aunque la Navidad puede ser un periodo emocionalmente complejo para muchas personas, no se comporta como un pico estadístico a nivel poblacional cuando se compara con el resto del año.
Al desagregar por grupos, el patrón se vuelve más interesante. En hombres, la Navidad se comporta como una ventana relativamente típica, sin rasgos extremos. En mujeres y en población infantil, en cambio, el periodo navideño aparece consistentemente entre las ventanas con menor incidencia del año. En ningún caso se identifican zonas metropolitanas donde la Navidad represente un máximo excepcional frente al resto del calendario.

Desde el punto de vista geográfico, los picos más altos del año se concentran en otros meses, usualmente lejos de diciembre, y no se observa un patrón espacial que sugiera una “concentración navideña” del fenómeno.

Una reflexión necesaria
Estos resultados no minimizan la gravedad del suicidio ni niegan que la Navidad pueda ser un periodo difícil para muchas personas. Lo que muestran es algo distinto: que la percepción social de riesgo no siempre coincide con los patrones poblacionales reales. A veces, los periodos más silenciosos en términos mediáticos son los que concentran mayor incidencia.
Esto no implica bajar la guardia. Al contrario. Incluso si el agregado poblacional no muestra un pico, para algunas personas la Navidad sigue siendo un momento de alta vulnerabilidad, y la atención, el acompañamiento y la escucha siguen siendo fundamentales.
Cierre y próximos pasos
Este ejercicio busca aportar evidencia para una conversación más informada sobre salud mental, temporalidad y territorio. Entender cuándo y dónde ocurren realmente los picos permite diseñar mejores estrategias de prevención, comunicación y política pública.
El pipeline completo del análisis será publicado en GitHub para quien quiera revisarlo, replicarlo o adaptarlo. Y si te interesa desarrollar análisis de datos geográficos, temporales o sociodemográficos para proyectos de investigación, políticas públicas o toma de decisiones, puedes contactarnos en Moschata Analytics.
Hablar de estos temas con datos no sustituye el cuidado humano, pero sí puede ayudar a dirigirlo mejor. Estemos atentos, acompañemos y sigamos preguntando con evidencia.
Para revisar el script completo, puedes revisar: https://github.com/MoschataAnalytics/suicide-temporal-patterns-mexico



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